¡Hijo de los mil empresarios!!!

¡Hijo de los mil empresarios!!!

Hoy el mejor (o sea, el peor) insulto que se le puede decir a alguien es “empresario”.

-“Métete conmigo y te saco la empresa por mi madre!”

Los discursos políticos (incluido el de Alan) han hecho que sea más respetable ser prostituta o violador que ser empresario. De hecho, uno de los grandes errores de Lourdes fue poner a Woodman como candidato a la Presidencia.

-“Aprende a manejar! So pedazo de empresario!”

Pero también… A quién se le ocurre poner a un hombre que ha levantado no se cuántas empresas, que trabaja ad-honorem desde hace años para la Alianza por un Perú sin Drogas y para una fundación que ayuda a la Policía Nacional; un tipo que organizó una Copa América de lujo, que puso en su sitio al Gordo Gonzáles, que construyó estadios en todo el país… ¡Qué falta de criterio por Dios!

Ahí Lourdes no la vio: si hubiera puesto un secuestrador, un vista de aduanas corrupto, un futbolista borracho, hoy quizás sería Presidente del Perú.

-“Por que no te vas un poquito a la recontra-empresa que te pagó?”

La tildaron peyorativamente de “candidata de los empresarios” y nadie en todo su partido supo cómo defenderla de tamaña afrenta. Se quedaron lelos por la excesiva violencia verbal. En lugar de decir “Sí señor, y a muchísima honra! Porque el Perú necesita 10 Grupos Romeros, 20 Brescias, 30 Añanos!”. Pero nones… antes de aceptar que uno tiene admiración por la Empresa, es preferible -para un político- declararse nazi, o peor (mejor) aún, pedófilo.

- ¡No fue penal! ¡Arbitro hijo de empresario!

Nadie defendió al “pobre” Woodman. Montesinos hubiera tenido más abogados. Mosca-Loca hubiera tenido verdaderos hinchas! Pero nadie defiende a un empresario y menos a uno exitoso.

-¡Cállate! ¡No digas empresarieces!

Mientras uno sea un aspirante a empresario, no hay problema, las PYMES son aceptadas, para ellas hay crédito, facilidades e incentivos; pero Dios nos libre de tener éxito! Pasaremos de emprendedores a explotadores, de valerosos a asquerosos. Quedaremos en la mira de cualquier candidato a la Presidencia, incluso los “liberales y reformados”.

Conversaba al respecto con mi amigo Gerardo Figueroa (empresario él, sepan disculparlo) y llegamos a la conclusión de que son los mismos empresarios los llamados a actuar, a cambiar ya mismo su imagen, a destruir esa percepción errada que se les ha endilgado y que -al callar- han otorgado como cierta.

Es imperioso. Es urgente. Miren que en estas elecciones nos hemos salvado por un pelito. En apenas 5 añitos más correremos -nuevamente- el riesgo de irnos todos a nuestra “empresa madre”. Y mire que, que lo mandan a uno a la casa matriz, es los más ofensivo que se puede decir hoy en día.