El Vendepatria y El Patriota. - Sobre Alfredo Barnechea.

Escena 1: Un libro sobre política.

 Portada del El Vendepatria. 

Portada del El Vendepatria. 

En julio del 2015 terminé de escribir una comedia que tenía 30 años dándome vueltas en la cabeza. “El Vendepatria" (lanzado en diciembre) narra la historia de un político ultra-pragmático que se da cuenta que el Perú no funciona, y toma la audaz decisión de proponerle a los peruanos que vendamos el país a una potencia extranjera y nos dejemos de intentar infructuosamente la búsqueda del progreso y la felicidad por nosotros mismos. Para sorpresa de todos, el político resulta elegido por mayoría requete-recontra-absoluta y empieza la larga tarea de vender un país.

Pero el nuevo Presidente tiene que gobernar el país durante los años que llevará la venta, así que para hacerlo escribe una Visión de País detrás de la que alinea todos sus esfuerzos y los de su equipo: “El Bienestar Común Progresivo”.  Alineados detrás de esta visión, todos los peruanos se ponen a trabajar y -oh sorpresa- el Perú empieza a mejorar y mejorar… El resto, léanlo en el libro. :)

Escena 2: Un café con sorpresa.

 Barnechea y su primera fama. 

Barnechea y su primera fama. 

En setiembre del 2015, un amigo me cita en La Tiendecita Blanca para hablar de un proyecto urgente. Pensé que se trataba de un nuevo cliente publicitario, pero me equivoqué. Luego de ponernos brevemente al día, él me pregunta si hago campañas políticas, y yo le digo que no, que la política me parece un asco lleno de podredumbre y corrupción. Pero él insiste: “Y qué pasa Robby, si te digo que la persona en cuestión es un tipo limpio, honesto, sin historias oscuras, con una familia normal, un intelectual brillante y decente que quiere hacer esto únicamente por el bien del país.” Mi respuesta fue: “Compadrito, ese tipo no existe.”  Él se rió y me dijo “Sí existe! Y se llama Alfredo Barnechea”.

¿Barnechea? A Barnechea lo había visto sólo en televisión en los setentas, cuando nos sentábamos a ver Contacto Directo en familia, con papá, mamá y hermanos, como se hacía en ese entonces. Desde esa época, nunca más supe de él.

Mi amigo insistió hasta que me convenció de darle una chance: agarró su celular y ahí mismo agendó una reunión para la mañana siguiente y me dejó "clavado" con una reunión a la que iría más por compromiso con mi pata, que por convicción.

Escena 3: Un político que no existía.

Esa noche llegué a casa a googlear Barnechea… Alfredo Barnechea… Barrenechea… y cuantas variantes hubieran. Me di con la sorpresa de que Alfredo prácticamente no existía en la red. ¿Cómo era posible que un tipo semi-famoso se hubiera mantenido tan a salvo de Google? La verdad, hasta me pareció sospechoso… De hecho, sólo se había salvado uno de sus programas de Contacto Directo en que entrevistaba a Haya de la Torre, algunas de sus columnas en Caretas y por ahí una decena de menciones más, la mayoría sobre sus libros. No tenía Facebook, no tenía Twitter... no existía!

Uno de los 2 o 3 videos que habían por ahí era una conferencia que había dado en 2013 para el Ceplan; empecé a verla y simplemente me enganchó. Era una explicación logiquísima, clarísima y sustentadísima en datos históricos y económicos, del potencial y las oportunidades que el Perú tenía por delante. Y también de sus riesgos, si es que el Perú no aprovechaba lo que el llamaba una “ventana de oportunidad” temporal. Recuerdo clarísimo que lo que más me marcó, fue una frase que decía más o menos lo siguiente: “yo creo -sinceramente- que nosotros podemos ver al Perú convertido en un país desarrollado, en esta vida”.

Esa frase me tocó. Tocó en mi una frustración que tengo y que está en el centro mismo del El Vendepatria, la sensación de que nuestro país no funciona, y que con los políticos que tenemos, jamás va a funcionar. Seguramente todos sentimos un poco de eso. Entonces, que aparezca un tipo de la nada y que en el primer contacto (aunque sea a través de un video en YouTube) me diga y me convenza de que el Perú sí tenía una salida hacia adelante, que sí se podía... pues simplemente hizo que mi cerebro se diera dos mortales hacia atrás con tirabuzón. Esa noche decidí que sería interesante ayudar a Alfredo Barnechea, siempre y cuando el tipo no resultara un intratable en la reunión del día siguiente.

Escena 4: Ideas e Ideales.

 Triángulo-Barnechea-ATTAT. Diseñado por Lorenzo Shakespear.

Triángulo-Barnechea-ATTAT. Diseñado por Lorenzo Shakespear.

El 5 de setiembre a las 10 de la mañana, conocí a Alfredo. El chico de la televisión se había convertido en un sesentón. Era mucho más alto de lo que hubiera imaginado, pero la voz y los gestos eran los mismos que recordaba. Estaba muy serio, y -como era lógico y porque yo ya venía muy bien recomendado- empezó un speech para convencerme de apoyarlo. Un tipo inteligente: no me habló directamente de política, sino de marketing. Me explicó la oportunidad política que veía: en ese momento estaban Keiko y PPK muy a la derecha y ambos representaban en esencia el mismo modelo económico y político de los últimos años; mientras que en la izquierda no había nadie (en ese entonces Vero Mendoza no había surgido aún) más que Acuña, que todos sabíamos que no llegaría lejos. Existía también un tal Julio Guzmán que venía creciendo, pero hasta ese entonces no era nada serio. Había pues un espacio político importante para las ideas de cambio que él tenía y que la gente esperaba. Debo decir como publicista y marketero, que su lectura del mercado político era impecable: había detectado un gran nicho que en ese momento nadie podía satisfacer de manera creíble.

Poco a poco la conversación se fue soltando (Alfredo hace bromas, buenas imitaciones y sabe buenos chistes) hasta que pude hacerle algunas preguntas que para mi eran claves antes de meterme en el pleito. Sobre todo una:

  • Alfredo, yo soy liberal, soy pro-libre-mercado y libre competencia… ¿Dónde te ubicas tú?
  • No te equivoques: yo también creo en la libre empresa y en el libre mercado! -me dijo inmediatamente. Pero… yo creo que el Estado debe tener un rol más activo como un árbitro y regulador de las empresas.
  • ¿¿Control de precios?? -me escarapelé todito, recordando los tiempos de Velasco y Alan Primero.
  • No, no… -me tranquilizó- pero hay otras formas de regular la economía a través del Estado. A ver... por ejemplo, con las tarjetas de crédito que realmente abusan cobrando más de 100% de interés a la gente. No lo hacen en Chile, no lo hacen en Argentina, pero lo hacen aquí. Yo puedo hacer que el Banco de la Nación compre todas esas deudas a tasas mucho más razonables para los peruanos, no a tasas negativas porque no se trata de que el Estado pierda plata, al contrario, tasas positivas para que el Banco incluso gane plata! ¿Me explico? Así, sin regular, puedo hacer que las tarjetas de crédito cobren intereses más justos para la gente. El problema Robby -me dijo- es que aquí se ha llevado el liberalismo a un extremo exagerado que no existe ni en los países más liberales del mundo. Han desaparecido por completo el rol del Estado a tal punto, que nadie defiende a los peruanos y nadie defiende al país. El Estado tiene la obligación de participar activamente en ciertas áreas, y especialmente en cierto tipo de proyectos de gran envergadura en los que -como país- no podemos quedarnos sentados simplemente esperando la iniciativa privada. Hay que desarrollar ciertas industrias, hacer ciertas carreteras, muchas irrigaciones, muchos puertos… que no pueden esperar los tiempos de la empresa privada. El Estado tiene que hacerlo. Ya luego se ve si se vende o se da en concesión... pero esas cosas se tienen que hacer cuando el Perú las necesita y no cuando a las empresas les conviene.”

Qué les puedo decir... Me di cuenta que estaba delante de una especie que yo pensé que ya se había extinguido hace muchas décadas: un Patriota. Un tipo que cree en el Perú, que conoce a fondo el país y que quiere llevarlo a un lugar distinto. Un tipo lleno de ideas e ideales. ¿Cómo podría alguien decirle que no?

En esa misma reunión me comprometí a ayudarlo. Le dije algo como: “Bueno Alfredo, si un tipo como tú se quiere comprar este pleito, creo que mi deber es ayudarte." ¿Y cuánto me va a costar?-preguntó después de agradecerme. “Pues nada”-le dije. “Yo no me dedico a hacer campañas políticas. De hecho no sé hacer campañas políticas: pero me voy a meter sólo porque creo que serías un Presidente del que me sentiría orgulloso. Sólo te pido una cosa: que no me falles.”

Escena 5: Y ahora de El Patriota a El Vendepatria.

En las reuniones siguientes fui conociendo más a fondo a Alfredo. No puedo decir que es un tipo normal para nada, porque ninguna persona que quiere ser presidente de un país es una persona “normal”. Todos tienen sus cosas, sus egos, sus mañas. Pero lo que sí sé ahora -y puedo afirmar- es que es un tipo bueno. No se ha metido en esto para hacerle daño a nadie, por ambición de dinero o poder, ni por ningún plan maquiavélico para dominar el país. Lo que el tipo dice en sus discursos, es. No hay más.  Alfredo lleva una vida como la de todos nosotros, en una casa bonita, con una con una familia tan “normal” como la de ustedes o la mía, una familia que se ríe, que bromea, que se molesta y discute, pero que se quieren, se cuidan y se ayudan. De hecho, toda la familia en pleno está apoyándolo activamente en la campaña, al punto que los que no somos de la familia los hemos bautizado como “Los Kennedy”. (Aunque bien podrían ser “Los Auquéneddy”, para darle un poco de de sabor nacional.)

(El comercial de arriba fue filmado en estudio prestado con cámara prestada. Costo cero.)

Poco a poco fuimos trabajando para convertir sus ideas políticas en una Estrategia de Marca y Comunicación, para ganar primero las elecciones internas en Acción Popular y luego, ojalá, para pasar a la segunda vuelta electoral.

Todo el proceso ha sido una aventura única, plena de acción, romance, emoción, decepción, traición y todo lo que tienen las series de género político. Todo se hizo gratis, a punche, con ayuda de voluntarios y amigos. No ha sido una campaña de presupuesto bajo: ha sido una campaña de presupuesto paupérrimo: hecha a base de smartphones y redes sociales. Aún pienso que lo mucho o poco que se ha logrado fue pura magia. Algún día escribiré la historia en detalle; pero hay un momento que quiero contarles porque de alguna manera cierra la serie de coincidencias que me llevaron a estar ayudando a Alfredo.

(Este comercial llamado "Palmas",  fue filmado por Daniella Touzett con su smartphone y mucho cariño. Nunca hubo plata para ponerlo en la TV, pero le fue muy bien en el Facebook y Twitter.)

Debe haber sido por ahí como a la tercera o cuarta reunión... en la que -ya todo el mundo más relajado- le conté un poco de la historia de El Vendepatria y de cómo el personaje de mi libro tenía una visión que unificaba todos sus esfuerzos, el “Bienestar Común Compartido”. Alfredo prácticamente saltó de su silla y dijo casi gritando: “¡¡Pero si eso es exactamente lo que yo quiero hacer!! ¿¿No te lo había comentado ya?? ¡¡Eso se llama una Sociedad de Bienestar!! ¡¡Y yo voy a convertir al Perú en una Sociedad de Bienestar!!”

En ese momento, les juro que las nubes se abrieron en el cielo, un rayo de luz bajó sobre Alfredo, empezaron a sonar campanas... y una voz celestial me dijo “Estás haciendo lo correcto, Robby. Dale pa'lante!”