La nueva matiné.

El próximo sábado que su hijo universitario le diga —a eso de las 2 de la tarde— que se va con sus patas a Mr. Fish, usted ya no se quedará tan tranquilo como hasta hoy. Déjeme contarle que Mr. Fish no es la nueva atracción del inexistente acuario local, ni tampoco el personaje de una nueva película de Disney.

A la única matiné a la que está yendo es a la novísima y sorprendente matiné de la juerga peruana.

Nunca deja de sorprenderme lo increíblemente creativo que es el empresariado local.

En este caso el mérito recae en Pepé Márquez y su grupo de socios, que luego de traernos Gótica, Café del Mar y Ayahuasca, ahora salen con Mr. Fish.

¿Pero qué tiene este pescadito que amerite una columna de márketing? No tiene nada. He ahí la gracia.

¡No tiene ni siquiera local!

¿Dónde queda? ¿Conoce la peña Del Carajo! en Barranco? Ahí queda. No cerca… no a la vuelta… no al costado… no arriba ni abajo… ¡Ahí mismo!

Como la peña está cerrada durante el día, a estos empresarios se les ocurrió sacarle un turno extra al local.

En un par de horas de trabajo, con poquísimo dinero, y muchísima imaginación, hacen aparecer barras, cajas registradoras, mesas y una decoración sencilla que transforma una peña criolla clásica en un antro juvenil super cool.

Todo empieza a mediodía con inofensivos aires de cebichería, pero a las 3 de la tarde la cocina cierra y arranca otra parte de la metamorfosis: la música empieza a subir y llegan miles de chicos y chicas.

Ya no hay lugar en las mesas, pero siguen entrando a S/.40 cada uno, cuota que solo da derecho a divertirse en el mismo océano que Mr. Fish, donde pronto lo que correrá a mares será la cerveza, el whisky, el ron y el vodka.

Un excelente equipo de animación hace subir la temperatura y pronto la gente también sube, ¡pero a las mesas a bailar!

Es como la más salvaje juerga de Año Nuevo, con la única diferencia que afuera hay luz y las panaderías sacan el pan francés para el lonchecito.

De pronto, a las 8 y 30 de la noche todo acaba tan rápido como empezó.

Botan a los chicos —que se van bien farreados y felices a sus casas— y el equipo empieza a transformar Mr. Fish nuevamente en la peña Del Carajo! En una hora todo estará listo para que allí se bailen valsecitos.

Es una idea fantástica que va camino a convertirse en franquicia, pues a puro “know-how” crea ventas importantísimas en un horario en el que hasta hace poco empresarios y consumidores veían televisión, quizás alguna película con Nemo, o con algún otro pescadito más inocentón que el juerguerísimo Mr. Fish.