Metal, melancolía y optimismo.

Durante estos días de descanso por fin de año tuve la oportunidad de ver un viejo documental sobre el Perú que me recomendó mi hija Marina, pues lo había visto y comentado en su Instituto y le pareció interesante.

"Viejo documental”… Viejo es un decir! "Metal y Melancolía” apenas tiene 20 años, pero el país que muestra es tan distinto al Perú en el que ahora vivimos, que bien podría ser tratarse de una película en blanco y negro de los años 20 y no del video documental que Heddy Honigmann grabó en Lima en 1994.

Me tocó vivir esa época, por lo que "Metal y Melancolía" me trajo muchísimos malos recuerdos. ¡Que mal anduvimos como sociedad! ¡Qué perdidos estuvimos como país! ¡Que abandonados vivimos como ciudadanos!  Resultado de los desaciertos del gobierno militar, de la debilidad del gobierno de Belaúnde y del irresponsable y auto-destructivo primer gobierno de Alan García, nuestro Perú llegó al punto del sálvese quien pueda. Los que podían, emigraban; los que no podían se buscaban 2 o 3 trabajos y floreció la cultura del recurseo: aguzar el ingenio y hacer lo que sea necesario para llevar un par de billetes a la casa.

“Metal y Melancolía” es acerca de los peruanos que se recurseaban haciendo taxi, pero también por las ventanas de los autos, y al acompañar a algunos taxistas a sus casas, nos muestra hasta dónde había caído nuestro país, la mendicidad, el abandono, la suciedad, la delincuencia y dentro de todo ello la rabia, el desconsuelo, el desamor y la búsqueda de la esquiva alegría.

Ver lo que éramos hace 20 años y compararlo con lo que somos ahora, me hace sentir pena, pero también orgullo y optimismo. Por supuesto que no estamos en el paraíso y aún estamos lejos del primer mundo, pero si en apenas 2 décadas pudimos romper la inercia, arrancar desde cero y convertir “eso" en “esto", pues seguramente -ahora que ya estamos avanzando con buen ritmo- en 20 años tendremos un país muchísimo más justo, más avanzado y más próspero para todos.

Hay que reconocerle el mérito al famoso modelo "neo-liberal” o como quieran llamarlo. Esta suerte de pragmatismo económico, de reglas muy duras pero muy claras, es lo que nos permitió salir de esa debacle y avanzar hasta donde hemos llegado 20 años después. Sus críticos deberían ver “Metal y Melancolía” cada mañana para recordar que con el modelo no se juega. Por supuesto que se tiene que perfeccionar, modernizar, reinventar, expandir, democratizar, acelerar y... lo que quieran, pero abandonarlo sería un desacierto alangarciano.

Sería interesante que Heddy vuelva a filmar “Metal y Melancolía" ahora; que busque a las mismas personas y descubra qué ha sido de ellos; que registre a la nueva generación de taxistas y los compare con los de los 90. Se me hace que sería un interesante golpe para la autoestima nacional.