Querida Publicidad.

En Estados Unidos, un TIVO cuesta US$50 y el servicio US$13 mensuales. En esencia, un TIVO (desde 1999) es un betamax del tercer milenio: un enorme disco duro capaz de grabar 300 horas de video, con un cerebro muy inteligente que te permite bajar lo que grabaste a tu computadora, o ver una película grabada en el living mientras los niños ven otra en su habitación. Lo más importante para nosotros es que con un TIVO puedes saltarte las tandas comerciales. Como lo lee: chau comerciales, 100% programación.

¡Caramba! ¿Y ahora de qué vamos a vivir? La industria publicitaria ensayó mil explicaciones y la prensa especializada lanzó mil especulaciones. Ninguna achuntó con lo que realmente pasó con el aparatito.

Para empezar, la “odiada” publicidad no cayó. Más bien, una de las ramas de la industria se disparó: el Product Placement. El PP se especializa en insertar contenido comercial dentro de la programación. Es responsable de que los personajes de su película tomen Coca-Cola y no agua; que cuando mandan un e-mail usen una laptop Apple, y es culpable de que el correo ya no lo traiga el cartero, sino un carrito de DHL. “A ver TIVO, cómo borras la botella de yogur que puse en la mesa de Everybody loves Raymond, ah?”.

El espacio dentro de las películas y programas de TV se vende hace años: la ropa que se usa en Friends, los cereales que come Seinfeld, el teléfono celular que usan en CSI… El tequila está de moda porque Hollywood toma shots. Y si ya no dan Miami Vice es seguramente porque al Dade County se le acabó el presupuesto. Nada es gratuito en la pantalla.

En Lima hace unos años pasamos de simplemente colocar el producto en la secuencia a insertar la marca en el argumento: recuerdo muy bien como muchas veces usamos la bodeguita de 1000 Oficios para que el bodeguero informara a sus clientes –y a los de nuestros- de la existencia de una promoción; y como en la peluquería del barrio promovíamos varios productos de belleza.

Volviendo al TIVO, pues hasta ahora no ha sido el boom esperado. Seguramente, hay mucha gente como yo que entre decenas de canales de cable y la www tengo más información de la que puedo digerir. Por otro lado, la función esa de saltarse la publicidad, una de las más explotadas en su lanzamiento, poco a poco ha ido desapareciendo, porque resulta que –oh sorpresa- a la mayoría de las personas le gusta ver la “odiada” publicidad: la consideran una manera de mantenerse al día, de informarse respecto a cómo mejorar su calidad de vida y -si la creatividad es buena- hasta de entretenerse. Querida Publicidad… mira tu.