Ya entendí. #Perú-País-de-Violadores

Ya entendí. #Perú-País-de-Violadores

Cuando uno mete la pata debe disculparse.Cuando uno mete la pata públicamente, debe disculparse públicamente.

LOS HECHOS.

La madrugada del miércoles, ante las múltiples reacciones que ya había tenido el hashtag #PerúPaísdeVioladores, publiqué mi opinión al respecto. En 3 tuits seguidos expliqué porqué no me gustaba.

Inmediatamente empecé a recibir durísimas respuestas y todo tipo de insultos.

La verdad es que no entendía por qué una simple opinión respecto a una frase, expresada de lo más educadamente, podía resultarles taaaan graaaave. Lo que escribí era exactamente lo mismo que le hubiera dicho a cualquier redactor que me hubiera propuesto un slogan similar: que era una frase cargada de negatividad, que debería buscar una alternativa mejor, una idea diferente que lograra unir a la gente en lugar de dividirla. 

“Están hipersensibles con el tema. Ya se les pasará.” -pensé.

Decidí que lo mejor era no contestar ninguno de los agravios. Además -francamente- no lo iba a hacer porque era imposible: eran demasiados (fueron tantos que en cierto momento del día fui Trending Topic!) y yo estaba con demasiado trabajo como para multiplicar cada respuesta por una andanada de contra-ataques. 

“Ya se les pasará… El fin de semana algún otro tema se hará más importante y se olvidarán” -cerré el capítulo.

O al menos eso pensaba.

LA EPIFANÍA.

Anoche, llegué a casa después de las 10PM,  luego de un evento de trabajo. Estaba molido y lo único que quería era desplomarme en mi cama.

Pero… mi hija Marina tenía otros planes.

Me dio el alcance y me dijo que había estado leyendo los tuits y que ella pensaba que los ataques eran justificados y que yo había cometido un error.

“¡Dios mío! ¿En serio? ¿A esta hora?”- me lamenté.

La verdad es que me decepcionó un poquito, pero no me sorprendió en lo más mínimo. Marina es una estudiante de Artes con opiniones muy firmes respecto a estos temas sociales. Más de una vez hemos tenido posiciones diametralmente opuestas en estos temas. Por la forma en que empezó, yo estaba seguro de que esta iba a ser una de esas largas discusiones. Y no me equivoqué.

Lo que siguió fue un amplio debate en el que ella me repetía básicamente las mismas cosas que había leído en los tuits: que no se trataba de publicidad, que había sido insensible, que yo no entendía porque no era mujer y no vivía lo que las mujeres vivían, etc, etc.

Por mi lado yo me defendía de cada punto con mis argumentos profesionales: que era un pésimo slogan, que sólo había dado mi opinión y que seguía pensando igual, que sin ser mujer yo había hecho exitosos comerciales para toallas higiénicas, que podía entender lo que sentían y que de hecho estaba completamente a favor de ellas, etc, etc…

Ya se imaginan: una discusión muy tensa e intensa. Ninguno daba su brazo a torcer y yo ya veía que ésta iba a ser otro de esos rounds ideológicos en los que simplemente terminamos en completo desacuerdo.

Ya estaba listo para darle un cierre al asunto cuando Marina me dijo: “No es un slogan, papá! ¡Es un grito! Están gritando “¡Nos están violando!” Y cuando alguien grita y pide auxilio, tú no tienes que ponerte a evaluar la forma en que esa persona gritó. Tú tienes que responder a ese grito y hacer algo para ayudar!”

Yo estaba sentado en las escaleras. Felizmente! Porque fue como si Marina hubiera dado un salto con doble giro y me hubiera acertado una patada voladora invertida directo en la cabeza.

Sentí un ¡POM! en el cerebro.

Y entendí.

Recién en ese momento, entendí.

MIS DISCULPAS Y COMPROMISO. 

#PerúPaísdeVioladores es un grito, el grito de cientos de miles de mujeres peruanas que todos los días se ven violadas en las más distintas formas. Incluso cuando no se concrete una penetración. Nuestras mujeres son violadas cuando se les agarra el poto en el micro, cuando se les agarra las tetas en la calle, cuando las silban o les dicen "piropos galantes” o frases vulgares.

#PerúPaísdeVioladores es un grito que sale de las bocas de nuestras madres, hermanas, esposas e hijas porque no se les respeta como personas y como iguales. No es un grito sólo contra los que consuman la penetración, sino contra una sociedad que las viola diariamente, en todos los sentidos en los que una persona puede ser violada.

#PerúPaísdeVioladores no es pues un slogan. Y ahí está -en parte- mi error. Los hashtags muchas veces pueden ser slogans o punch-lines, pero también pueden ser denuncias o pedidos de auxilio, como en este caso.

Fui realmente insensible al escuchar un grito como este, un doloroso y desesperado pedido de auxilio, y ponerme a evaluar si lo que estaban gritando las víctimas estaba bien dicho o mal dicho. Por mi insensibilidad y desatino les ofrezco mis sinceras disculpas a todas las mujeres. 

Ensimismado en mi trabajo del día a día, no tuve la lucidez necesaria para detenerme y darme cuenta de que estábamos hablando de un tema muchísimo más importante que el Marketing y la Publicidad, más grave que cualquier campaña, cualquier o cualquier marca, un drama dolorosamente real que no necesita de evaluaciones, opiniones o focus groups, sino -únicamente- nuestra solidaridad, compromiso y acción.

Lo peor de todo, es que #PerúPaísdeVioladores es el grito de una lucha con la que siempre me he sentido comprometido: como hijo, como hermano, como ex-esposo, como enamorado, como tío, como primo, como amigo, como compañero de trabajo y -por supuesto- como padre y ahora flamante abuelo de valiosas, admirables, inteligentes y valientes mujeres. 

Mujeres bravas y apasionadas como Marina, que a sus 25 se toma en serio el duro trabajo de educar a su papá de 55.

Gracias Marina: he escuchado el grito y créeme que saldré en respuesta a él en todas las maneras que pueda.

Porque ya entendí.

Mis disculpas, nuevamente.

#PerúPaísdeVioladores #NiUnaMenos